El transporte público dignifica a la persona

Comparto este artículo publicado en La República por Augusto Alvarez Rodrich, sobre el transporte público como factor de desarrollo de un país.

Vía La República

Un factor clave para ser una sociedad moderna.

Cada vez que viajo al extranjero constato, como ahora que escribo esta columna en un tren entre Nueva York y Boston, que una diferencia clave entre países, que determina de un modo esencial la calidad de vida de su gente, es el transporte público.

Este es un rasgo fundamental entre las sociedades desarrolladas –como Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, Singapur, Taiwán, España o Francia– o las que están en proceso de serlo –como, para no mirar muy lejos, Chile–, pues implica una serie de beneficios para sus ciudadanos pero, mucho más que eso, tiene consecuencias en la dignidad de la vida de las personas, y connota la valoración que los gobiernos tienen de la misma.

Un sistema de transporte público moderno, entendido como uno que permite desplazar a las personas dentro de las ciudades y entre distintas localidades, con seguridad, eficiencia, rapidez, comodidad, y a precios razonables, implica ventajas fundamentales para el ciudadano común y corriente.

Por ejemplo, el desplazamiento con rapidez entre destinos es fundamental para que la gente tenga más tiempo para otros fines, incluyendo, sin duda, el ocio y el descanso. Tener que dedicar de tres a cuatro horas del día a movilizarse en un medio de comunicación para ir y volver de la casa al trabajo es una manera miserable de perder la vida.

Esto es lo que ocurre hoy en el Perú en lo referido al transporte en ciudades como Lima, donde la falta de un sistema público explica graves problemas de congestión y contaminación pero, también, sobre la dignidad de la persona. O los serios problemas de seguridad en el transporte interprovincial, lo cual explica en nuestro país muchas muertes innecesarias que serían inaceptables en una sociedad moderna.

Es obvio, en este sentido, la profunda diferencia que puede existir entre ir al trabajo y volver en un medio donde se viaje con relativa comodidad y decencia, y hacerlo como sardina en lata que es desplazada en condiciones infrahumanas.

Asimismo, un sistema de transporte público eficiente es un factor importante para la democratización de una sociedad pues constituye un punto de encuentro de personas de diferentes niveles socioeconómicos.

Contar con una infraestructura y un sistema de transporte público moderno, eficiente y seguro implica, en suma, decisiones e inversiones estatales de todo nivel que, en el fondo, expresan la manera como los gobernantes entienden la dignidad de las personas para las que, supuestamente, dedican sus esfuerzos.

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